Néo-argentique:cuando la película redefinela fotografía contemporánea
En el contexto del CONFA
Néo-argentique:
cuando la película redefine
la fotografía contemporánea
Un movimiento que rechaza la falsa división entre analógico y digital, y propone la materialidad como lenguaje político.
Hace poco más de una década, mientras el mundo digital consolidaba su hegemonía visual, algo inesperado sucedía en los laboratorios y estudios fotográficos de París, Nueva York y otras capitales: una nueva generación de fotógrafos no solo rescataba la película, sino que la transformaba en un acto de resistencia contemporánea.
No era nostalgia. Era otra cosa. Era la reafirmación de que la luz, el tiempo químico y la tangibilidad del soporte ofrecían un lenguaje alternativo para narrar el mundo de hoy. Nació así el néo-argentique (neo-analógico): un movimiento que hoy define buena parte de la fotografía contemporánea de arte y marca una de las vueltas más fascinantes del oficio en las últimas décadas.
¿Qué es el néo-argentique?
El término fue acuñado por los curadores franceses para designar un enfoque que rechaza la falsa oposición entre película y digital. No se trata de elegir bando, sino de reivindicar la libertad de experimentar con ambos.
«La cámara oscura e Instagram pueden cohabitar. Técnicas a veces centenarias sirven aún para narrar el mundo de hoy, en una búsqueda resueltamente contemporánea.»
Lo determinante no es la herramienta, sino la intención. El néo-argentique enfatiza la materialidad sobre la producción de imagen: luz, tiempo, sustancias fotosensibles, la tangibilidad física del soporte. Estos fundamentos se presentan como vocabulario alternativo ante la perfección e inmediatez digital.
Una respuesta al Antropoceno
Lo que distingue al néo-argentique es su conciencia ecosófica: la percepción de que vivimos en una era de crisis. En un contexto donde economía, sociedad y política están dominadas por la inmediatez, lo artesanal y procesual se convierte en acto de resistencia.
Reintroducir el placer en el proceso creativo, permitirse desacelerar, trabajar con materiales químicos reales y tangibles —esto no es nostalgia. Es un proyecto político contemporáneo que reposiciona la fotografía analógica como propuesta contra-cultural en la era de la Inteligencia Artificial y la generación masiva de imágenes.
En otras palabras: mientras el mundo acelera hacia la homogeneización visual, ciertos fotógrafos apuestan por lo singular, lo procesual, lo que toma tiempo. Eso es necesario. Eso importa.
Un movimiento global en efervescencia
El néo-argentique no es un fenómeno aislado. Es un movimiento académico, curatorial y comunitario que gana presencia mundial:
Exposición manifesto
NEO-ANALOG
Curada por Michel Poivert (Université Paris I Panthéon Sorbonne) y el Collège International de la Photographie. 13 artistas contemporáneos. Circula internacionalmente 2025-2027.
Festival comunitario
THE ANALOG CHRONICLES
París. 12 fotógrafos y colectivos. Ateliers, exposiciones, laboratorios compartidos. Spring Edition: abril 2026.
Artistas representativos: Mathieu Stern (ópticas raras), Théo Giacometti, Emilion Studio (estereoscopia), Alessandro Silvestri, Shirley Thomas, Tanguy Delavet, y colectivos como Los Argenteros.
Instituciones académicas como universidades y museos han integrado al néo-argentique en sus reflexiones sobre fotografía contemporánea. Ya no es marginal. Es central.
¿Qué significa esto para la fotografía mexicana?
México tiene una tradición fotográfica vasta y profunda. Desde la época del fotoperiodismo clásico hasta la experimentación contemporánea, nuestros fotógrafos siempre han sido pensadores visuales, no solo técnicos.
El néo-argentique ofrece un marco conceptual que conecta directamente con esa tradición: la fotografía como acto de reflexión, como proceso material, como manera de estar presente en un mundo que se disuelve en pixeles.
En un contexto de saturación visual y algoritmos que homogeneizan la mirada, recuperar la película no es un paso atrás. Es una apuesta por la singularidad, la inteligencia manual, la pausa. Es fotografía política. Es fotografía mexicana contemporánea si la practicamos como tal.
Conversaciones necesarias
El néo-argentique abre preguntas fascinantes para fotógrafos, educadores y curadores:
- ¿Cómo se enseña fotografía en una era donde el proceso importa más que el resultado?
- ¿Qué laboratorios y espacios comunitarios necesitamos para hacer posible la experimentación analógica?
- ¿Cómo se valida y se exhibe la fotografía analógica contemporánea en instituciones mexicanas?
- ¿Qué diálogo existe entre comunidades analógicas mexicanas y las redes internacionales?
Estas son precisamente las conversaciones que el Congreso Nacional de Fotografía Analógica abre. No son académicas desconectadas de la práctica. Son preguntas que fotógrafos, experimentadores y educadores están respondiendo en laboratorios, estudios y espacios públicos.
La película no regresó porque los fotógrafos sean románticos. Regresó porque sigue siendo el medio más honesto para enfrentar la realidad, el proceso más exigente para pensar visualmente, y el soporte que mejor resiste el paso del tiempo.
En tiempos de generación masiva de imágenes, la fotografía analógica contemporánea —el néo-argentique— propone algo radical: una imagen por cada decisión. Un fotograma que cuenta porque fue elegido. Una comunidad que se reúne alrededor de lo tangible.
Eso es lo que está sucediendo. Y México, con una tradición fotográfica de siglos, tiene mucho que aportar a esta conversación.
