El arte en la encrucijada: Un balance global sobre la libertad de creación en 2026

Basado en el informe de Freemuse sobre el Estado de la libertad artística en 2026 (AICA).


El panorama mundial de la libertad artística se enfrenta actualmente a una tormenta perfecta donde convergen dos crisis sistémicas: la proliferación de conflictos armados y un retroceso democrático sin precedentes. Según los datos más recientes, la democracia global ha retrocedido a niveles no vistos desde 1985, con casi tres cuartas partes de la población mundial viviendo bajo regímenes autocráticos. En este contexto, el arte no es solo una víctima colateral, sino un objetivo deliberado de Estados y actores no estatales que buscan controlar la narrativa pública y silenciar el pensamiento crítico.

La guerra como herramienta de borrado cultural

En conflictos actuales como los de Gaza, Ucrania, Sudán y Myanmar, la destrucción de infraestructuras culturales no es accidental. Museos, teatros y archivos han sido atacados sistemáticamente, representando un asalto no solo a los edificios, sino a la memoria e identidad de los pueblos. En Gaza, se estima que el 81% de las estructuras han sido dañadas, incluyendo sitios arqueológicos y centros artísticos. En Sudán, la guerra ha provocado el cierre o destrucción de casi una de cada tres instituciones culturales evaluadas, mientras que más de 50 artistas han perdido la vida desde el estallido del conflicto en 2023.

El auge del «Lawfare» y la seguridad nacional

Los gobiernos recurren cada vez más al «lawfare» o la instrumentalización de marcos legales para sofocar la disidencia creativa. Bajo el pretexto de la «seguridad nacional» o el combate al terrorismo, países como Türkiye, Irán y el Reino Unido han procesado a artistas por expresiones que son, en esencia, pacíficas. Una tendencia alarmante es la expansión de leyes de «agentes extranjeros», un modelo popularizado por Rusia que etiqueta a artistas y organizaciones financiadas internacionalmente como «traidores», cortando sus vías de sustento y estigmatizando su labor.

La identidad bajo asedio: Mujeres y comunidad LGBTI+

La vigilancia de los cuerpos y la moralidad se ha intensificado globalmente. En Irán, las cantantes solistas siguen enfrentando arrestos y la prohibición de actuar ante públicos mixtos, mientras que el apoyo a movimientos como «Mujer, Vida, Libertad» se castiga con latigazos y prisión. Por su parte, la expresión artística LGBTI+ sufre ataques transversales: desde leyes en Hungría que prohíben la visibilidad en eventos de Orgullo, hasta la censura en México y Perú impulsada por presiones religiosas que consideran estas obras contrarias a la «moral pública».

Nuevos frentes de censura: El caso de Gaza y EE. UU.

La censura relacionada con el conflicto en Gaza se ha extendido más allá de sus fronteras, afectando la libertad de expresión en democracias occidentales. En el Reino Unido, las instituciones culturales han recurrido a políticas de «neutralidad» y «seguridad» para cancelar eventos relacionados con Palestina, fomentando una cultura de autocensura institucional. Simultáneamente, en Estados Unidos, el inicio de la segunda presidencia de Donald Trump ha traído órdenes ejecutivas que restringen la financiación federal para programas de diversidad (DEI) e iniciativas que aborden la «ideología de género», generando un clima de incertidumbre y miedo en museos y universidades.

Violencia extrema y control total

En algunas regiones, el riesgo para los artistas es vital. En América Latina, el crimen organizado se ha convertido en un censor letal; los músicos, especialmente de géneros populares como la cumbia y los corridos, enfrentan extorsiones y asesinatos por parte de carteles que buscan controlar los territorios. En los escenarios más extremos, como Afganistán bajo el régimen talibán, la vida artística ha sido prácticamente abolida de la esfera pública, con la música prohibida y los instrumentos destruidos bajo leyes de «promoción de la virtud».

La persistencia de la esperanza: La valentía es contagiosa

A pesar de este panorama sombrío, el informe destaca la resiliencia inquebrantable de la comunidad artística. Desde artistas en Gaza que crean pigmentos a partir de plantas y comida, hasta redes culturales clandestinas en Irán y Afganistán, el arte sigue siendo un espacio de desobediencia creativa. Las victorias legales, como la anulación de leyes de blasfemia en Nigeria o el freno judicial a las restricciones de fondos artísticos en EE. UU., demuestran que la movilización colectiva puede revertir la represión.

Como concluye el informe, la libertad artística no es solo un asunto cultural, sino la piedra angular de las sociedades abiertas; protegerla requiere un esfuerzo conjunto de instituciones, responsables políticos y la ciudadanía global.

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