El Niño ya no llega solo: por qué 2026 podría ser distinto

Clima y Sociedad

El fenómeno climático que conocemos desde niños se está encontrando con el calentamiento global, y la combinación está cambiando las reglas del juego en México y América Latina.


Todos hemos escuchado hablar de El Niño y La Niña: esos fenómenos que alteran las lluvias, el calor y hasta el precio de los alimentos cada pocos años. Pero algo ha cambiado. Ya no es solo la naturaleza haciendo lo suyo. Ahora el calentamiento global se ha metido en la ecuación, y los científicos advierten que la mezcla está produciendo efectos que nunca habíamos visto antes.

No se trata de un tema lejano ni exclusivo de laboratorios. Se trata de las lluvias que inundan una ciudad, el calor que tensiona la red eléctrica, o el precio del maíz en el mercado. Aquí te explicamos, de forma sencilla, qué está pasando y por qué México debería prestar atención.

¿Qué es exactamente El Niño?

Es un ciclo natural que ocurre en el océano Pacífico y que tiene tres momentos:

  • El Niño (fase cálida): los vientos se debilitan y el agua caliente se desplaza hacia el centro del Pacífico, alterando el clima global.
  • La Niña (fase fría): los vientos se intensifican y el Pacífico se enfría de forma inusual.
  • Fase neutra: todo se mantiene dentro de los promedios históricos.

Según las proyecciones de la Organización Meteorológica Mundial, todo apunta a que El Niño regresará entre junio y agosto de 2026, con su punto más intenso entre septiembre y diciembre. Es decir: viene en camino.

El ingrediente nuevo: el calentamiento global

Aquí es donde la historia se pone interesante. Durante décadas, El Niño y La Niña fueron ciclos más o menos predecibles. Pero con el planeta ya más caliente en promedio, ese ciclo natural se está topando con una atmósfera distinta a la de hace 30 años.

El resultado, según reportes especializados, no es una simple suma de factores, sino algo más parecido a una reacción en cadena: el aire caliente retiene más humedad, lo que puede convertir anomalías térmicas del mar en lluvias mucho más intensas de lo esperado. Comparado con la época previa a la industrialización, el riesgo de temperaturas extremas se ha multiplicado hasta cinco veces, y el de lluvias severas se ha triplicado.

«Ya no estamos ante una simple suma de fenómenos, sino ante dinámicas nuevas que están reescribiendo lo que consideramos ‘normal’ en el clima.»

¿Y México, cómo queda parado?

México se ubica justo en una zona donde estos efectos se sienten de forma particular:

  • Olas de calor más intensas: en 2024, la combinación El Niño-calentamiento global elevó en 15% el riesgo de temperaturas récord durante mayo y junio, con impacto directo en la red eléctrica nacional.
  • Lluvias fuera de lo común en el centro-norte: especialistas de la UNAM han advertido que, cuando El Niño coincide con el verano, esta región enfrenta una probabilidad mayor de lluvias extremas, algo que no tiene precedente en los registros históricos usados para planear ciudades e infraestructura hidráulica.
  • Ciudades en zonas de riesgo: los polos económicos más importantes del país —donde se concentra población y actividad productiva— son también los más expuestos a inundaciones y estrés por calor.

Un vistazo a la región

América Latina vive un contraste curioso: mientras el sur de Sudamérica enfrenta más inundaciones (como el caso de Rio Grande do Sul, Brasil, en 2024), el norte del subcontinente sufre sequías más severas. En Centroamérica, la irregularidad de las lluvias ya obligó a organismos internacionales a apoyar con transferencias de efectivo a más de 376,000 personas en el llamado Corredor Seco.

También hay efectos en la producción de alimentos: se estima que hasta 37.5% del área global de cultivo de soya y más del 30% del área de arroz podrían verse afectadas por condiciones térmicas extremas. Y para 2027, se proyecta que 274 millones de personas en el mundo podrían enfrentar crisis alimentaria relacionada con estos fenómenos combinados.

¿Por qué esto nos debería importar a todos?

Porque no es un tema abstracto de científicos: es agua que puede faltar o sobrar, es el precio de los alimentos, es la infraestructura de nuestras ciudades, es la energía que usamos todos los días. Y porque los mismos estudios muestran algo esperanzador: cada peso invertido en preparación y prevención puede evitar hasta siete pesos en pérdidas. Prepararse, informarse y exigir mejores decisiones no es pesimismo, es sentido común.

Los efectos de este próximo episodio de El Niño se sentirán durante 2026 y se extenderán hasta bien entrado 2027. Entender qué está pasando —y por qué ya no se comporta como antes— es el primer paso para que como sociedad podamos anticiparnos, en lugar de solo reaccionar.


Fuentes: Organización Meteorológica Mundial (OMM), Gaceta UNAM, análisis Estrada (2025), Programa Mundial de Alimentos (PMA).