La Mojiganga de Zacualpan: el pueblo que se pone una máscara para mostrarse
f/16 · El punto exacto de luz · Tradiciones de México
Cartonería, fe y comunidad en el oriente de Morelos, y lo que una tradición de papel y engrudo le enseña a quien la mira a través de una cámara.
Cada último domingo de septiembre, un pueblo de las faldas del Popocatépetl cambia de rostro. Cientos de vecinos salen a la calle convertidos en criaturas imposibles, hechas a mano con periódico, engrudo y pintura, y bailan durante horas al ritmo de las bandas de viento. No es un carnaval ni un espectáculo montado para turistas: es un anuncio. La Mojiganga de Zacualpan de Amilpas avisa que se acerca la fiesta de la Virgen del Rosario, y lo hace de la forma más fotogénica que uno pueda imaginar.
Un pueblo que guarda cosas valiosas
Zacualpan de Amilpas está en el nororiente de Morelos, en la frontera con Puebla, dentro de la fértil región de Las Amilpas. Su nombre náhuatl se ha interpretado como el lugar donde se ocultan o resguardan objetos valiosos, y pocas definiciones le quedan mejor a un pueblo que cada año esconde el rostro para enseñar lo que es. Los domingos, su tianguis sigue practicando el trueque, y el volcán vigila el horizonte.
La Mojiganga es el preludio de la fiesta patronal. El desfile ocurre el último domingo de septiembre y funciona como heraldo de la celebración grande a la Virgen del Rosario, a principios de octubre. La edición 2026 se celebró el domingo 27 de septiembre.
Del calabazo a la cartonería
Un origen con varias versiones
Como toda tradición viva, la Mojiganga tiene más de un relato de nacimiento. La fecha más citada es 1835, cuando un puñado de pobladores disfrazados recorrió las calles con chirimía y tambor. La investigación antropológica prefiere una cifra más prudente, basada en la memoria del pueblo: al menos cien años. Y hay quien la vincula con la guerra de Independencia, con conspiradores que se ocultaban tras disfraces para no ser reconocidos. Las tres versiones conviven, y esa convivencia también es parte de la tradición.
Lo que la memoria local sí comparte es la imagen del principio. Campesinos en grupos de tres a cinco, con un calabazo por máscara, pelucas de heno y ropa vieja, anunciaban la fiesta bailando al son de la chirimía y el teponaxtle. A cambio, los vecinos les regalaban dulces típicos.
Tres saltos en el siglo XX
Hacia 1950 apareció el primer carro alegórico. Una década después, un grupo de amigos incorporó al chinelo, figura emblemática de Morelos aunque no originaria de Zacualpan, para devolverle alegría a una fiesta que muchos recordaban apagada. Hoy el recorrido termina precisamente con el brinco del chinelo en la explanada municipal.
El cambio decisivo llegó en los años setenta con la familia Falfán. Varios de sus integrantes vivían en el centro de la Ciudad de México y se habían formado en artes plásticas en la Academia de San Carlos, donde la cartonería era herramienta de trabajo. Al volver al pueblo encontraron una fiesta pequeña y decaída, y la llenaron de disfraces fantásticos. Roberto Falfán, fundador de la comparsa que lleva el apellido, convirtió su casa en escuela de verano: a sobrinos y vecinos les enseñó a modelar, preparar engrudo, cortar el papel y pintar. La generación que hoy dirige las comparsas aprendió así, y la técnica dejó de ser de una familia para volverse de todo el pueblo.
Cómo nace una máscara
Cada comparsa, sea un grupo de familia, de amigos o un colectivo cultural, elige su tema por votación y lo registra ante el comité organizador para que no se repita con otra. El tema cambia cada año, y el trabajo arranca meses antes del desfile.
El proceso es de una paciencia casi fotográfica. Primero se esculpen moldes en plastilina. Sobre ellos se pegan cuatro capas de periódico con engrudo, se desmolda la pieza y se le añaden dos o tres capas más junto con los detalles. Luego se lija, se aplica un resanador que endurece el cartón, se vuelve a lijar, se pinta y, al final, se protege con acrílico por si llueve. Con los años se sumaron otros recursos, como estructuras de carrizo forradas para crear escenografías más ambiciosas.
Hay un detalle que dice mucho del espíritu de la fiesta: las máscaras casi nunca se venden. Quienes participan las guardan en casa año tras año, y hay familias con colecciones que bastarían para montar un pequeño museo. La máscara no es mercancía, es memoria.
No es carnaval: es fe, identidad y economía
En Zacualpan se aclara con insistencia que la Mojiganga no es un carnaval. El carnaval precede a la Cuaresma; la Mojiganga honra a la santa patrona. Y hay otra singularidad: aquí se llama mojiganga al desfile completo, mientras que en los pueblos vecinos el término nombra a cada personaje gigante por separado.
Lo que empezó como un anuncio campesino hoy es una de las celebraciones con mayor convocatoria de Morelos. Las cifras oficiales hablan de entre 30 y 50 mil visitantes según el año, llegados de otros municipios, de estados vecinos y del extranjero. Las comparsas ya no son solo locales: en 2023 desfilaron más de treinta, con grupos de Ocuituco, Temoac, Jantetelco, Tetela del Volcán, Jojutla e incluso Puebla. Los visitantes llegan desde el sábado, y el comercio, la comida, el licor de caña y los servicios de la región viven su mejor fin de semana del año.
Pero el motor de la fiesta no es comercial. Las comparsas se sostienen con trabajo voluntario, cooperación vecinal y meses de convivencia en los talleres. Esa es su verdadera riqueza: un pueblo entero que decide, cada año, no dejar morir lo que le da identidad.
La máscara frente a la lente
Fotografiar la Mojiganga es fotografiar una paradoja. La máscara oculta a la persona que la porta, pero revela al grupo que representa: quien se la pone deja de ser un vecino para convertirse en la voz visual de su comparsa y de su pueblo. Para la cámara, eso significa que el retrato más honesto de Zacualpan es, justamente, uno donde nadie muestra su cara.
No es casual que la fiesta atraiga cada año a investigadores, documentalistas y fotógrafos de todo el país. Hay pocas escenas en México que reúnan en unas cuantas calles tanto color, tanta textura hecha a mano y tanto movimiento, con un volcán de fondo.
Una luz que cambia durante el recorrido
El desfile suele arrancar a las cuatro de la tarde y el recorrido dura alrededor de cuatro horas. Eso significa que una sola jornada atraviesa tres luces distintas: sol franco de tarde al inicio, luz dorada a mitad del trayecto y noche al llegar a la explanada. Quien planea su cobertura con esa curva en mente tiene tres fotografías distintas de la misma fiesta.
| Momento | Luz | Qué buscar |
|---|---|---|
| Inicio del desfile | Sol pleno de tarde | Terreno de la regla del sol 16: a f/16, velocidad cercana a 1/ISO. Planos abiertos con toda la comparsa, la calle y el contexto nítidos. |
| Calles con sombra | Sombra abierta | Alrededor de tres pasos menos que el sol pleno. Luz suave, ideal para leer la textura del papel y la pintura en primer plano. |
| Mitad del recorrido | Hora dorada | Contraluces que recortan siluetas de máscaras y penachos; color cálido sobre el cartón. |
| Llegada a la explanada | Noche y luz artificial | ISO alto, flash de relleno o velocidades lentas con paneo para el brinco del chinelo. |
Valores de referencia como punto de partida; confirma siempre con el histograma.
Para fotografiar la Mojiganga
- Llega antes del desfile. El tianguis del trueque y los preparativos de las comparsas cuentan la historia que el desfile solo resume.
- Busca los talleres en las semanas previas. Las manos, el engrudo y los moldes son la parte menos fotografiada y más reveladora de la fiesta. Pide permiso siempre.
- Usa la profundidad de campo con intención. Diafragmas cerrados para contar la escena completa; diafragmas abiertos para aislar una sola máscara entre la multitud.
- Decide si congelas o si arrastras. Velocidades altas detienen el brinco del chinelo; velocidades lentas con paneo transmiten su ritmo.
- Respeta el recorrido. No interrumpas el paso de las comparsas: son meses de trabajo que se viven en unas cuantas horas.
- Documenta a los autores. Anota el nombre de la comparsa y su tema: una foto de la Mojiganga está incompleta sin el nombre de quienes la hicieron.
La pregunta que guía este año al concurso nacional México en una Imagen es sencilla y enorme a la vez: ¿por qué te sientes orgulloso de México? En Zacualpan de Amilpas la respuesta cabe en un rostro de cartón pintado a mano. Si tienes una imagen que responda a esa pregunta, este es el momento de enviarla.
¿Por qué te sientes orgulloso de México?
Inscripciones abiertas del 1 de septiembre al 4 de noviembre de 2026. Premiación el 19 de diciembre en el Museo Soumaya.
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