Adán Reyes


Adán Reyes: la sonrisa después del fuego y la paz de no rendirse

Hay miradas que no se construyen de golpe: se entrenan. Se pulen con intentos, con paciencia y con esa terquedad bonita de quien no suelta el objetivo. Adán Reyes lo dijo en una frase cuando le pediste que se presentara: “el que nunca se rinde”. Y en su historia —la del diseñador gráfico que dejó de concursar para prepararse mejor y volvió cuando se sintió listo— esa frase no es pose: es método.

Adán se conectó desde Puebla capital, aunque nació en Tula, Hidalgo, vivió en Pachuca y lleva siete años en “Pueblita”. Llegó por amor (con humor incluido), se quedó por la ciudad, y hoy su vida gira entre el diseño, la foto y una meta grande: crecer, competir, representar.

Diseñador gráfico: cuando la composición ya viene de fábrica

Antes de ser fotógrafo de lleno, Adán se formó como diseñador gráfico. Y eso se nota en cómo habla de la imagen: composición, color, geometría, regla de tercios, punto áureo. “Desventajas ninguna, ventajas demasiadas”, dijo sobre esa combinación, porque lo que aprendió en diseño le da herramientas para leer y construir fotos con intención.

Pero también dejó claro algo importante: eso no basta. Puedes saber de composición y aún así no estar “listo” para un concurso nacional. “Eso no es suficiente… tienes que entrenar tu ojo… entrenar las emociones”, explicó. Por eso, después de participar en 2016 y 2017, se detuvo. No por falta de ganas, sino por disciplina: “dije: no voy a volver a concursar hasta que yo esté listo.”

Volvió años después, con otra preparación, y entonces sí: “cuando regresé… gané.” No fue casualidad: fue un regreso planeado.

La foto ganadora: Tierra Blanca, calor brutal y un campesino feliz

La imagen con la que ganó este año nació mientras Adán estaba trabajando en video para un candidato en Tierra Blanca, Veracruz. Acompañaban a campesinos que cortan caña de azúcar. Adán nunca había ido y el golpe fue inmediato: “hace un calor… muy cañón.” Por eso el hombre aparece sin playera: “casi todos estaban sin playera” y ya era el cierre de la jornada.

Ellos le contaron el ritmo real: empiezan “desde las cinco de la mañana”. Para cuando Adán los fotografió era cerca de la una. Ya habían terminado, ya estaban en el descanso, y ahí apareció la escena que lo atrapó: el patrón llega, les lleva comida, cerveza, se arma la convivencia, y entre la carrilla (“la cábula”) sale una sonrisa que no se puede dirigir.

Adán lo cuenta con detalle: les pagan también por destajo y por eso cada uno marca su cosecha con un carrizo y su nombre. En ese relajo, “lo pude capturar… esa sonrisa… la más natural.”

Y hay algo que la foto sugiere pero no explica hasta que él lo dice: el suelo parece quemado. Sí lo está —en el proceso— porque la caña se “tatea”: “le tienen que prender fuego… para que puedan… cosecharla.” Un dato que muchos solo entendemos cuando por fin lo vemos de cerca.

Lo que no se ve: confianza, comida, cansancio… y hacerse invisible

Cuando le preguntaste qué más estaba pasando fuera del encuadre, Adán dibujó la escena completa: convivencia, comida, cerveza, bromas. “Eso hacen todos los días… al final de su jornada.” Y ahí aparece una decisión clave para la foto: no llegar como “el fotógrafo con cámara encima”, sino ganarse el momento.

Yo creo que… estar lo más invisible posible”, dijo sobre lo que fue clave. Al principio, cuenta, sus fotos no salían: todos lo veían “a loco”, nerviosos, incómodos. La solución fue bajar la cámara, conversar, escuchar, hacer preguntas reales: “no hablar… estar escuchándolos… preguntarles de dónde vienen… cuántos años tienen.” Poco a poco, confianza. Y ya entonces: levantar la cámara, disparar rápido, bajar otra vez para no romper el ambiente.

“¿Por qué y para qué haces foto?”: paz, pasión… y sostener la vida

La pregunta heredada de la charla anterior fue directa: ¿por qué y para qué haces fotografía? Adán respondió sin maquillaje:

  • Porque me da paz… encontré mi pasión… lo que amo hacer.”
  • Para vivir.”

Y añadió un motivo que lo aterriza todo: “ya soy papá… tengo un bebé de casi once meses.” La fotografía hoy no es solo búsqueda estética: es sustento, responsabilidad, futuro.

También dijo algo que muchos fotógrafos sienten hoy: en tiempos de inteligencia artificial, seguir haciendo foto es una forma de decir “aquí seguimos”: “este bello arte no ha muerto… que sigamos aquí y que no nos vamos a ir.”

Modo jurado: por qué eligió al tiburón (aunque le tenga miedo)

En la dinámica de comentar tres fotos ganadoras, Adán mostró algo bonito: elegir no es “lo más bonito”, es lo que te mueve. La primera lo atrapó por “la sonrisa de la mujer”; la tercera lo impresionó por todo el contexto del zapatero —“tiene todo… los planos… el oficio”—, pero terminó quedándose con la del tiburón, justamente por su miedo y por la valentía que supone estar ahí: “por el valor… no cualquiera se atreve.”

Fotos: José María Cárdenas Camacho / Mizael Palomeque

Foto: Julio César Medina Medellín

Y dejó una frase que vale para este concurso: “aquí ya… es arte y el arte es relativo.” Para él, las cincuenta son ganadoras porque el jurado decide con su mirada y porque cada imagen puede hablarle distinto a cada persona.

Orgullo de México: “los buenos somos más”

Cuando se le preguntó por qué se siente orgulloso de México, regresó a su centro: la gente. “Los buenos somos más”, dijo. Y habló de esa hermandad inmediata que se siente cuando encuentras a un mexicano en cualquier parte del mundo: “ya somos hermanos.” México como cultura, sí; como biodiversidad, sí; pero sobre todo como humanidad.

Si tuviera que hacer una sola foto para explicar México, se iría de nuevo al trabajo: “un trabajador… para darle a entender que la gente de acá somos trabajadores.” Y esa coherencia no es casual: su foto ganadora es exactamente eso, pero sin solemnidad: trabajo duro y, aun así, sonrisa.

La pregunta que deja y su meta: “ser el mejor del mundo”

Adán cerró dejando una pregunta para quien sigue: “¿Hasta dónde quieres llegar con la fotografía?” Y luego se la regresaste (porque aquí hacemos trampa) y él contestó con ambición limpia:

Quiero ser el mejor fotógrafo del mundo… representar a mi país… y traerme la medalla de oro.”

Está trabajando para competir en el circuito que elige a quienes representan a México internacionalmente, preparando fotos de boda, retrato natural y paisaje (con un Popocatépetl que quiere más nevado, con mejor luz, con más fuerza). Su lógica es clara: ver el nivel, entenderlo y subir a ese nivel.

Y como si la foto no fuera suficiente, lanzó otro proyecto: un podcast de cine en YouTube, “85mm Podcast”, donde habla de películas por temporada, premios, estrenos y ciclos del año.

Al final, la historia de Adán se parece mucho a su fotografía: no es una historia de “llegué y ya”. Es una historia de preparación, de paciencia y de volver cuando estás listo. Y cuando vuelves, lo que encuentras no es solo un premio: encuentras algo más valioso. La confirmación de que, a veces, no rendirse sí cambia la foto.


Fotógrafo mexicano, una nueva conversación con Alonso Días, te invitamos a escucharla y compartirla, conoce su perspectiva de México!!


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