Alfredo Moreno
La tradición como brújula: la historia detrás de la mirada de Alfredo Moreno
En las charlas del 15º aniversario de México en una Imagen, una cosa se repite con fuerza: detrás de cada fotografía ganadora hay un camino. A veces empieza como hobby, a veces como obsesión silenciosa, pero casi siempre nace de una emoción genuina. En esta ocasión, el protagonista fue Alfredo Moreno Rodríguez, conectado desde Puebla, “muy cerquita de la Ciudad de México”, con frío, volcán a la vista y una energía que se siente desde la primera respuesta.
Cuando se le pidió presentarse “hablando como fotógrafo”, Alfredo eligió palabras que revelan mucho más que un estilo: eligió una forma de estar en el mundo. “Me presento como amante de la naturaleza, amante del arte… gran fan de lo visual”, dijo. Y remató con una idea que resume lo que significa este concurso: “poder apreciar el arte a través de una imagen… es algo fascinante”.
De los seguros al lente: el salto hacia lo que apasiona
La historia de Alfredo no parte de una vida dedicada por completo a la fotografía. Comenzó en otro territorio: “empecé como agente de seguros en 2010”, contó. Pero el paisaje lo fue empujando a moverse: deportes, montaña, ciclismo. Hasta que decidió dar un paso que muchas personas postergan por años: invertir en aprender.
“Un día contraté una experiencia fotográfica, un taller, donde conocí a una gran fotógrafa… Mayella Valdivia”, compartió. A partir de ahí, todo cambió: “Ella me ha ayudado muchísimo… aprendí a través de ella muchas cosas y conocí a grandes fotógrafos”. Con apoyo familiar y capacitación constante, Alfredo está hoy en el proceso de dar el giro definitivo: “ya lo hago… y estoy en el proceso de dedicarme al cien por ciento a la fotografía”.
Lo que siguió en la conversación fue una declaración honesta, de esas que inspiran porque no presumen: sigue aprendiendo, sigue probando, sigue moviéndose. No se presenta como alguien que “ya llegó”, sino como alguien que eligió el camino.
Lo que persigue: tradiciones, documental y la emoción del deporte
Aunque se define como amante de la naturaleza, Alfredo sorprendió al contar qué lo obsesiona visualmente hoy: las tradiciones. “Algo que me llama mucho la atención son las tradiciones… la fotografía documental me fascina. Eso realmente me vuelve loco”. Y al mismo tiempo, se dejó atrapar por un universo completamente distinto: la velocidad.
Ha tenido oportunidad de fotografiar NASCAR y, aunque no era fan, el trabajo lo enamoró: “al hacer esas fotografías me enamoré también de eso”. Para él, la fotografía deportiva no es solo acción; es un escenario donde caben retrato, ritmo, detalle, color y presión. “Es muy visual… hay muchos colores… como que todos tus sentidos”, dijo sobre estar en pits y cerca de pista.
Lo documental y lo deportivo: dos mundos muy diferentes, conectados por una misma búsqueda: capturar lo que vibra.
La foto ganadora: un Xinacates , el brillo del aceite y la bandera
Luego llegó el momento central: la fotografía ganadora. Alfredo la tomó en marzo del año pasado, en San Nicolás de los Ranchos, una tradición profundamente visual en la que participan los Xinacates (personas pintadas, algunos con máscara, otros no, con música, baile y fiesta). La invitación vino —de nuevo— desde comunidad y guía: “Fui porque la que me invitó fue Maye… y me acababa de comprar un telefoto y me lo llevé a estrenar”.

La escena no fue fabricada. Alfredo vio un grupo de personas golpeando con látigos, y uno de ellos quedó quieto, observándolo todo. Ese gesto lo detuvo. “Él fue el único que se quedó parado como observándolos a todos y lo agarré tal cual”. En el fondo, un elemento clave: la bandera de México.
Alfredo se detuvo en un detalle que muchos no notarían a simple vista: lo que parece pintura no es pintura. “Eso que ven no es pintura, es aceite… aceite de motor”, dijo, hablando también del calor, el sol, el sudor, el alcohol y la mezcla de olores que rodea la escena. El resultado, sin embargo, es una imagen sorprendentemente tranquila. Él mismo lo explicó: esperó y cazó el momento. “Lo estuve cazando como un minuto para que no me estorbara nadie y disparar en ese momento”. Lo que no se ve en su foto es lo que da aún más valor a su mirada: “hay baile, hay música… es toda una fiesta… y en los costados hay mucha gente”.
La foto se siente calmada porque él decidió aislar al personaje, darle protagonismo y convertir la bandera en un símbolo que lo sostiene todo.
“No voy a poder lograr lo que hizo ella”: encontrar la propia esencia
Uno de los fragmentos más inspiradores de la charla fue su honestidad creativa. Alfredo confesó que llegó a la tradición con una idea en la cabeza: hacer una imagen como una fotografía icónica de su mentora. “Yo iba… traía en mi cabeza el poder lograr una imagen como la de ella”, dijo. Pero en medio del proceso se dio cuenta de algo que suele tardar años en aprenderse: imitar no funciona si no te encuentras a ti mismo.
“Llegó un momento en que dije: no… voy a buscar mi esencia, lo que yo quiero”. Y ahí apareció la decisión: un Xinacates quieto, el brillo del aceite, la bandera atrás y una imagen que se siente “México” sin necesidad de explicar demasiado.
La decisión clave: “México en una Imagen… la bandera”
Cuando se le preguntó qué fue lo decisivo para elegir esa foto, Alfredo fue directo: “la bandera de México”. Y lo conectó con el espíritu del concurso: “es México en una imagen… lo primero que se me vino a la mente fue la bandera”.
Había considerado otros caminos: fotos del calendario de charros en Puebla, una experiencia de Catrinas… pero terminó eligiendo la imagen que mejor sintetizaba lo que quería decir.
Su primera vez… y la piel chinita en el Soumaya
Otra cosa que vuelve poderoso este testimonio es que Alfredo no era alguien que concursara cada año. De hecho, lo dijo tal cual: “No había querido participar en ningún tipo de concurso… siento que sigo en un proceso de aprendizaje”. Hasta que un día se sintió listo: “me siento orgulloso, me gusta esta fotografía, la voy a mandar”. Y la mandó.
El resultado fue algo que todavía lo emociona: ver su obra colgada en el Museo Soumaya. “Hasta la fecha se me pone la piel chinita”, confesó. “Cuando llegué al museo y vi mi foto colgada… fue como increíble… todavía lo sigo presumiendo”.
Incluso tuvo que posponer algo importante para ir a la premiación: “tuve que posponer la celebración del cumpleaños de mi esposa” para estar ahí. Su razón fue simple y contundente: “es una premiación que… no sabes si vas a volver a estar”.
El segmento “modo jurado”: aprender mirando a los otros
En una dinámica que refleja la presión real del jurado, Alfredo comentó tres fotos ganadoras. En la primera, lo atraparon “los colores… su ropa… ella como tal”. En la segunda, la imagen le provocó una emoción clara: “curiosidad”, porque no se ve el rostro completo y eso dispara preguntas; y aun con una luz roja intensa, dijo algo clave: “No necesita mostrar más de lo que muestra… para ser expresiva”. En la tercera, su atención fue a lo esencial: “las miradas… los ojos”, especialmente la del chico que mira de frente; celebró el monocromo por las texturas y la posibilidad de “recorrer” la imagen.



Fotos: Roberto Gijon / Luis Alberto Espinoza Chavez / Francisco Javier Zúñiga
Al final se quedó con la segunda por su atmósfera: “te da un aire místico… ambiente nocturno… hay muchas sombras, solamente hay una luz… no necesitas más”. Ese ejercicio lo conectó con una verdad del concurso: tu foto no ganó “por suerte” como idea vaga; fue Top 5 para un jurado específico. Y eso tiene peso.
Orgullo de México: descubrir lo que no sabíamos
Cuando habló de México, Alfredo lo dijo con una mezcla de emoción y sorpresa. Siempre se ha sentido orgulloso, pero la fotografía le abrió otra puerta: “desde que estoy en la fotografía conozco más las tradiciones… hay cosas que digo: ¿cómo es posible que esto no lo supiera?”. Y cerró con una frase que se quedó como eco: “yo puedo vivir y morir aquí en mi país… es que tenemos de todo”.
El mensaje final: atrévete
Alfredo cerró como empezó: con gratitud y con un llamado directo a quienes están del otro lado pensando si participar o no. “Yo nunca me había animado… y este año me decidí y mira”, dijo. Su historia prueba que el primer paso no es tenerlo todo dominado: es animarse. Enviar la foto. Apostarle a tu mirada. Y permitirte, como él, sentir la piel chinita frente a tu obra colgada en un museo.
Y mientras ya planea su participación del siguiente año —“ya estoy en mi planeación para el siguiente año”— deja una pregunta que vale para cualquiera que haya tomado mil fotos y no sepa cuál elegir: ¿cómo decidiste mandar esa… y no otra?
Porque a veces, la historia detrás de una mirada también está en esa decisión.
En esta charla nos acompaña Alfredo Moreno, te invitamos a escucharlo y a conocer más de su trabajo.
Puedes conocer su trabajo en: @alfredo_moreno_rodriguez







