Alonso Díaz


“tener que mirar al piso para ver las estrellas”

Hay fotografías que te cambian la dirección de la mirada. La imagen con la que Alonso Díaz ganó en la 15ª edición de México en una Imagen tiene justo esa cualidad: te obliga a hacer lo contrario de lo habitual. En vez de levantar la vista para buscar estrellas, tienes que bajarla. “Se me hizo así como todo lo contrario… tenía que ver al piso para ver las estrellas”, contó Alonso al hablar del momento en que encontró la escena durante una caminata fotográfica en San Miguel de Allende.

Alonso transmitió desde Querétaro, donde vive y trabaja desde hace año y medio. Su día a día es tan intenso como dinámico: es fotógrafo de política para una agencia que trabaja con gobierno. “Todo el tiempo es estar moviéndote de un lado a otro… muy dinámico”, dijo, con esa mezcla de cansancio y entusiasmo de quien vive con la cámara encima.

“Alguien que juega con la cámara”

Si tuviera que presentarse en una frase, Alonso no se fue por lo solemne. Prefirió lo esencial: “alguien que se divierte mucho tomando fotografías, alguien que juega con la cámara.” Y esa idea atraviesa toda su historia: la foto como juego serio, como curiosidad activa, como una forma de estar despierto en la calle.

La foto: realismo mágico en la banqueta

La escena la encontró “pasando”, como pasa lo mejor de la fotografía de calle. En su mente traía una búsqueda: “rescatar este realismo mágico… el misticismo dentro de lo que pasa desapercibido en las calles”. Ese tipo de coincidencias que, si no estás atento, se te van: una sombra, un símbolo, una alineación inesperada.

En San Miguel de Allende, las “estrellas” estaban marcadas en el piso. Y para conseguir la toma necesitaba altura. La encontró en algo simple: “había ahí un local al lado con unas escaleras que me permitían la altura.” Hizo varias versiones —“tengo ahí como unas seis, siete fotos”— pero una se quedó con todo: el encuadre, la escala, el personaje incógnito y esos detalles rojos (gorra y tenis) que se vuelven ancla visual. “Esa fue la que más me llamó, me atrapó.”

En la foto también quedó un pedacito de historia personal: “acá se ve el sombrero de mi novia… un saludo, amor”, dijo entre risas, recordando que ella lo acompañaba y que también es fotógrafa. Compartir la pasión se nota en lo cotidiano: talleres, salidas, hasta cursos de cámaras estenopeicas “los sábados”.

Lo que no se ve: la espera (y el truco de la paciencia)

Alonso reveló algo que toda caminata fotográfica tiene, pero casi nadie cuenta: el juego de cuidar la toma. “Me esperé a que se fueran todos para que no me la copiaran”, confesó. Y ahí aparece la otra parte del oficio: la paciencia del “pescador”. Encontrar la escena, y luego esperar el momento exacto en que el cuadro se completa.

Esa paciencia también es aprendizaje. Alonso recordó que al principio le pasaba lo típico: “me daba miedo tomarles de frente a la gente y tenía puras espaldas.” Hasta que aprendes que no estás haciendo nada malo, que hay que perder el miedo y seguir. Porque sí: participar, no quedar, frustrarte, volver a intentar… es parte del camino. En su caso, el concurso lo confirma: ya había participado dos veces y esta fue la tercera. “Aplica perfecto la tercera la vencida.”

La historia que lo marcó: improvisar y resolver

Cuando le tocó responder la pregunta que dejó la charla anterior (“¿qué historia te marcó más como fotógrafo?”), Alonso se fue a una anécdota que parece lección de vida: la de un fotógrafo que tuvo que improvisar con lo que tenía para no perder el trabajo. Lo que le dejó esa historia fue claro: “versatilidad, ingenio y creatividad… en fotografía de calle es fundamental adaptarte a la situación.”

Y esa misma idea se conecta con su realidad laboral: en política, como en bodas, hay momentos que no se repiten. Tienes que estar listo, atento, alerta. No hay “otra toma”.

Modo jurado: elegir entre tres (y entender al jurado de verdad)

En el segmento “modo jurado”, Alonso comentó tres fotos ganadoras y dejó ver cómo lee una imagen desde lo emocional y lo técnico:

  • En la primera (músicos), le atrapó el sentido de comunidad: “yo quisiera estar ahí… echar una rola”, y destacó la luz difícil pero bien resuelta, con rostros medio iluminados que le daban potencia.
  • En la segunda (Día de Muertos), habló de “respeto”, “nostalgia” y esa lucha contra el olvido: “el Día de Muertos trata de extinguir ese fuego del olvido.”
  • En la tercera (un personaje cubierto de ceniza), dijo lo más importante: la foto te obliga a regresar porque “plantea preguntas”.

fotos: Iker Adrián Radilla Ramos / Gerardo Gonzalez Zarate

foto: Adán Reyes Reyes

Al final eligió la de los músicos por su capacidad de envolverte: “te envuelve más… el sentimiento es más fácil de entender.” Y ahí conectó con algo muy mexicano: la amistad rápida, la charla con el de al lado, la fiesta como ecosistema.

Orgullo de México: gente, costumbres y calor humano

Cuando se le preguntó por qué se siente orgulloso de México, Alonso no lo dudó: “de la gente, las costumbres… su forma de ser calurosa.” Ese impulso de mostrar lo bonito al extranjero, de invitar a comer, de decir “prueba esto”, de enchilar a los demás aunque digamos “no pica”. Y para explicar México en una sola foto, se fue a símbolos que todos reconocemos: algo jalisciense o oaxaqueño —mariachi, jarabe tapatío, tequila; o mezcal y fiesta— porque ahí se condensan música, tradición y carácter.

Postal 5.6: siete años construyendo comunidad

Además de su trabajo y su foto ganadora, Alonso empuja un proyecto que ya es referencia en street photography: Postal 5.6. Contó que en octubre cumple siete años y que la comunidad busca ser un “lugar seguro” para aprender: “no hay preguntas tontas.” Desde lo básico (RAW/JPG, blancos y negros) hasta lo complejo (cómo resolver reflejos y sombras).

También anunció su convocatoria Ecos Cardinales (Vol. 5), con exposición en San Luis Potosí y cierre el 15 de abril. Su invitación es clara: mirar, aprender y participar. Porque así se forma ojo, criterio y carácter.

La pregunta que deja: “¿por qué y para qué haces fotografía?”

Al final, Alonso dejó una pregunta sencilla y profunda para el siguiente invitado: “¿Por qué y para qué haces fotografía?” Y cuando se la devolvieron, contestó sin dudar: “porque me divierto un montón… siempre fue un juego… y afortunadamente me da para comer.” Y para qué: “para seguirme divirtiendo.”

Quizá por eso su foto funciona tanto: porque no se siente forzada. Se siente encontrada. Como esas cosas raras que te obligan a bajar la vista… y descubrir que, a veces, las estrellas también están en el piso.


Fotógrafo mexicano, una nueva conversación con Alonso Días, te invitamos a escucharla y compartirla, conoce su perspectiva de México!!


Síguelo en: https://www.instagram.com/alonso_diaz_de_anda/


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