Ana Aguirre Garcia


“La foto me descubrió a mí”: la historia detrás de la mirada de Ana Aguirre García

En el 15º aniversario de México en una Imagen, cada entrevista confirma algo: una fotografía no solo muestra un lugar, también revela a la persona que la hizo. En esta charla, la invitada fue Ana Aguirre García, fotógrafa ganadora de la 15ª edición, conectada desde Ciudad de México, con una trayectoria que mezcla curiosidad, paciencia y un deseo constante de descubrir.

Soy fotógrafa hace catorce años”, dijo al inicio. Y cuando se le preguntó por su estilo, dejó claro que no se encierra en una sola categoría: “Hago un poco de retrato, un poco de paisaje, un poco de arquitectura… no me dedico a una sola cosa”. Pero en los últimos años, su mirada encontró una nueva herramienta que la tiene entusiasmada: el dron. “Últimamente he estado con el dron, con la fotografía aérea y estoy encantada… es descubrir un mundo completamente diferente”.

De la pedagogía al arte de mirar

Antes de dedicarse por completo a la imagen, Ana vivió muchos años en un camino distinto: “Soy pedagoga, tengo una maestría en psicopedagogía, trabajé un buen tiempo en el mundo corporativo”. La fotografía llegó como llegan las cosas que cambian la vida: sin pedir permiso. “Un buen día descubrí la foto… o la foto me descubrió a mí y no nos soltamos”.

Cuando le preguntamos cómo se conecta su formación con su manera de fotografiar, Ana lo respondió con una idea que vale para cualquiera que crea: “En la foto todo lo que tú traes… lo que has leído, la música que has escuchado, las películas que has visto, lo plasmas”. Y sí: su pasado como investigadora aparece entre líneas, en su forma de observar y encontrar patrones. Ella misma lo reconoce: “Era muy buena juntando todos los hilos y sacando conclusiones”.

La foto ganadora: cempasúchil en vuelo y un mercado que no esperabas

Su imagen ganadora fue tomada en Atlixco, Puebla, en un mercado que funciona como un engranaje vivo de la tradición: camiones, camionetas, negociación, intermediarios y flores que vuelan de un vehículo a otro. La historia comenzó con otro plan. Ana quería fotografiar el cempasúchil en el campo, a los agricultores cultivándolo. Pero ellos le dijeron algo simple: ya terminaron por hoy… y se van al mercado.

“Yo así como que… ‘bueno, es que mercados hay muchos… pero yo quería como el campo’”, recordó. Y entonces ocurrió el giro: “descubrimos un mercado espectacular que es de camioneta a camión”. La escena la sorprendió por el volumen y por la dinámica humana: “Llegas y están todos los camiones formados… llegan los agricultores con sus camionetas más chiquitas y negocian con cada camión”. En ese ir y venir del precio, la logística se vuelve coreografía: “empiezan a pasar las flores aventándolas de la camioneta al camión”.

En esa imagen hay algo más grande que lo visual: la cadena completa de una tradición mexicana. Ana lo explica desde su proyecto sobre el cempasúchil: meses de trabajo para que la flor viva unos días en altares, panteones, calles y plazas. Y al acercarse a los agricultores, se topó con una realidad dura: “ves lo que les pagan… y ves en lo que las venden en los mercados… los agricultores ganan poquititito”.

Foto: Ana Aguirre Garcia

Lo que no vemos: la fiesta, los pasillos, los niños y otras flores

En la fotografía ganadora, el encuadre se siente preciso y contenido. Pero lo que sucede alrededor es enorme. “Es un mercado en donde… en el camión de junto están negociando”, contó. “En otro pasillo… hay niños vendiendo, adolescentes… hay otros tipos de flores: el terciopelo, la nube”. La foto captura un instante, pero el lugar es una historia completa.

“Sempasúchil volador”: paciencia y composición desde el aire

Ana tenía un objetivo claro: atrapar el movimiento. “Yo quería cachar las flores volando”, dijo. Y hacerlo con dron tiene sus propias dificultades: “Con el dron es mucho más difícil que con una cámara… se tarda unos instantes en disparar”. Así que disparó una y otra vez: “estuve dispare, dispare…”, hasta que logró el momento exacto. Su foto incluso tiene nombre: “Sempasúchil volador”.

¿La decisión clave? No fue solo la suerte del instante, sino la lectura visual del espacio: “Yo creo que la composición… en otras no me gustó cómo quedaron acomodados los camiones… y creo que esta forma… y que se vean las sombras atrás, eso la hizo la escogida**”. Esa sombra larga cuenta el horario, el calor y el ritmo del mercado; y al recorrer la imagen empiezan a aparecer detalles: el camión rojo con menos flores, el orden en el acomodo, las manos que reciben, la persona que observa.

Volar un dron también es vencer el miedo

La fotografía aérea no solo exige técnica; exige confianza. Ana lo dijo con una sinceridad que cualquiera que haya volado un dron entenderá: “Al principio le tenía muchísimo miedo”. Y describió el proceso de perderle el pánico: “Yo lo subía, sacaba una foto y lo bajaba… ‘ya, suficiente’”. Hasta que superó una barrera clave: “perderlo de vista”.

Quiero la foto… se tiene que ir muy lejos y lo voy a dejar de ver”, explicó. Ese momento —cuando decides confiar en tu herramienta y en tu criterio— también forma parte de la historia detrás de una mirada.

Elegir una foto: encuesta, intuición y diferencia

La pregunta heredada por el fotógrafo anterior fue directa: ¿cómo decidiste mandar esa foto y no otra? Ana respondió con un método práctico: “Hice una encuesta con mis conocidos… por favor voten”. Pero también con una intuición estratégica: “pensé que tenía más oportunidad de que nadie mandara algo parecido”. Su foto no solo era potente; era distinta.

Y además, su participación tuvo un detalle revelador: llegó tarde… pero llegó. “Quedaba uno o dos días para que se cerrara la convocatoria”, confesó. Se enteró porque le pidieron votar por un amigo, y pensó: “No voto por tu amigo, yo me voy a meter a ver qué mando”. Así, con esa chispa competitiva y honesta, entró al concurso… y ganó.

Orgullo de México: su gente, su trabajo, sus tradiciones

Cuando se le pidió elegir una sola cosa para explicar México, Ana no dudó: “Su gente”. Y lo conectó con lo que ha visto a través de sus proyectos: agricultores, artesanos, comunidades enteras. “Hay gente maravillosa, súper buena, súper trabajadora”, dijo. “Sí me siento orgullosa de los mexicanos”.

Esa idea se volvió aún más poderosa cuando habló de su serie con artesanos: fotografías en blanco y negro donde solo la pieza artesanal queda en color, para obligarnos a mirar lo que muchas veces regateamos o ignoramos. Ella lo dijo con claridad: “hay artesanos que… malbaratan en un mercado por tres pesos… y todavía hay gente que les llega a regatear”. Su trabajo no solo embellece: también cuestiona.

Y en una historia que conmovió durante la entrevista, contó el caso de un alfarero que perdió la vista y aun así siguió trabajando. “Para mí, mi enfermedad fue una bendición”, le dijo él. Esa frase resume lo que su fotografía busca: revelar dignidad donde otros solo verían dificultad.

Modo Jurado

En la dinámica “modo jurado” —uno de los momentos más reveladores de la charla— Ana se asomó a tres miradas ganadoras y fue leyendo cada imagen desde lo que provoca.

En la primera, lo que la atrapó de inmediato fue “la silueta” de la chica esperando, una escena que, dijo, te abre preguntas sobre lo que está pasando y convierte la espera en historia.

En la segunda, frente al mar, la emoción fue clara: “hay mucha paz”, porque para ella el agua —aunque pueda ser violenta— es un lugar de calma.

Y en la tercera, volvió a su instinto narrativo: el detalle que la hacía regresar era “el niño con lo que trae en la cara”, una máscara que despierta curiosidad y te empuja a imaginar el contexto de la tradición detrás de esa escena.

Fotos: Jared Oswaldo López Maldonado / Jorge Antonio Manjarrez Castellanos

Foto: Ricardo Tetzopa Nolasco

Mujeres que vuelan: una invitación a participar

Ana cerró la charla con una invitación que va más allá del concurso. Habló de la brecha de género y de la necesidad de que más mujeres se animen a salir a fotografiar, a competir, a mostrar su obra.

Somos poquitas mujeres… invitar a todas las mujeres a participar”, dijo. Y compartió un proyecto que la entusiasma: un colectivo de mujeres droneras llamado Mujeres que Vuelan, con un lema perfecto para esta edición del aniversario: “El cielo ya no es el límite”. “Está abierto a cualquier mujer que vuele drones… y si no saben volar, también hay cursos”, explicó. Hoy, el colectivo suma alrededor de setenta integrantes y ya han realizado exposiciones y actividades para promover el vuelo.

La pregunta que deja: una brújula para todos los fotógrafos

Como cierre, Ana dejó la pregunta para la siguiente entrevista, y es una que todo fotógrafo se ha hecho alguna vez frente a la pantalla:

“¿Qué hubieras hecho diferente?”

A mí me pasa mucho que llego a mi computadora, las bajo y digo: ‘¿cómo no vi esto?’”, confesó. Y ahí está, quizás, una de las mejores lecciones de su historia: la mirada no se termina en el disparo. La mirada sigue creciendo después, cuando revisas, corriges, aprendes… y vuelves a salir.

Porque al final, como lo demuestra su “Sempasúchil volador”, la fotografía es eso: una mezcla de paciencia, intención y valentía, incluso cuando el dron ya no se ve a simple vista.

Una nueva conversación ahora con la fotógrafa Ana Aguirre, seguro nos mostrará una nueva perspectiva de México!!

Fotógrafa mexicana, radicada en la ciudad de México. Al ser hija de una artista plástica, mi vida siempre ha estado ligada al arte, pero no fue hasta después de tener una formación en educación, trabajar en el mundo corporativo y formar una hermosa familia que encontré la forma de contar mis propias historias a través de la fotografía.  

Síguela en: https://www.instagram.com/anaaguirrefoto/

https://www.anaaguirre.com/


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