El trazo que conquista París
Hay historias que comienzan mucho antes de que uno las reconozca como tales. La de Marcelo empezó entre lápices de colores y las páginas de una enciclopedia infantil en la Ciudad de México, y hoy continúa en París, donde cada ilustración lleva consigo una geografía invisible: la de un México vibrante que nunca se fue.
Orígenes
Los primeros trazos
Antes de saber hablar, Marcelo ya dibujaba. Su hogar en la Ciudad de México era un espacio donde el arte formaba parte de la vida cotidiana: sus padres pintaban, y esa naturalidad con la que convivió desde pequeño con pinceles y colores sería la semilla de todo lo que vendría después. Las paredes, los muebles, las enciclopedias familiares —el mítico Quillet de los niños— fueron sus primeros lienzos.
A los cinco años, las clases de pintura en la Casa del Lago de la UNAM, en el Bosque de Chapultepec, confirmaron lo que en el fondo ya era inevitable: el dibujo era su mundo. Años más tarde, esa certeza lo llevaría a estudiar Diseño Gráfico, consolidando una vocación que nunca fue una elección, sino una forma de existir.
Para mí, acercarme al arte fue algo completamente natural. Antes incluso de aprender a hablar, ya hacía mis primeras travesuras con lápices de colores.
— Marcelo Ponce Martell
Sus referentes de aquellos años formaron una galería ecléctica y latinoamericana: Quino, Sergio Aragonés, Sempé, Fontanarrosa. Pero si hay un artista que marcó su mirada de manera más profunda, ese es Rufino Tamayo —el uso del color, la textura, la forma en que el oaxaqueño integró el arte prehispánico en su obra. Todo eso vive, de algún modo, en cada trabajo que Marcelo produce hoy desde Europa.
El salto
París llegó de golpe
Tenía 41 años, un trabajo estable y un buen nivel de vida en México. No tenía ningún plan de emigrar y ni siquiera conocía Francia. Pero la vida tiene esa manera de ofrecer oportunidades que no figuran en ningún itinerario. París apareció así: de pronto, sin avisar.
El momento del salto
Migrar a los 41 años, con una vida construida en México, no fue una huida ni una búsqueda romántica. Fue, en palabras del propio Marcelo, «una mezcla de decisión, oportunidad e impulso». Una de esas apuestas que solo se entienden mirando hacia atrás.
Los primeros meses en París fueron todo lo contrario a un cuento de hadas. Un país donde no entendía una sola palabra. Planes que parecían haberse quedado sin dirección. La duda instalada como compañera permanente. Fue el apoyo de su esposa —que ya contaba con trabajo estable en Francia— lo que les permitió echar raíces. A partir de ahí, el proceso fue largo y exigente: aprender el idioma, asimilar la cultura, encontrar su lugar.
Durante mucho tiempo no tuve ni el espacio, ni la fuerza, ni la energía para detenerme a extrañar a México.
— Marcelo Ponce Martell
¿Pensó en regresar? Muchas veces. Pero hubo una razón que lo ancló con más fuerza que cualquier nostalgia: ver a sus hijos crecer en un entorno donde pueden ir solos a la escuela, tomar el metro, jugar en el parque con la libertad que él mismo tuvo de niño en México —y que hoy, con tristeza, reconoce que se ha ido perdiendo. Esa imagen, sencilla y poderosa, fue suficiente para quedarse.
El oficio
El ilustrador en París
En Francia, Marcelo encontró su nicho en lo que ahí se conoce como illustrateur jeunesse: el ilustrador que da vida a historias para niños y adolescentes, que estimula la imaginación, que acompaña la lectura con imágenes cargadas de emoción. Un universo que le sienta como anillo al dedo a alguien cuya mirada nunca perdió esa inocencia colorida que lo define.
Su proceso creativo es tan orgánico como su trayectoria. Todo comienza con notas, listas, ideas sueltas que va acumulando. Luego vienen las referencias, los primeros trazos —en papel o en digital, el soporte importa poco— y después, el desarrollo de la pieza, que a veces llega exactamente donde se planeó y otras veces va mucho más lejos.
Su mayor fortaleza
Mientras muchos ilustradores construyen su marca en torno a un estilo único e inconfundible, Marcelo hace lo opuesto: su ventaja competitiva es la versatilidad. Puede pasar de un lenguaje visual a otro —incluso ha ilustrado carteles para convenciones de manga sin ser mangaka— sin perder jamás el carácter colorido e inocente que lo distingue.
Identidad
México no se borra
¿Qué queda de México en su obra cuando uno vive en París? Para Marcelo, la respuesta es clara: el color. Esa vibración, esa intensidad cromática que no existe en ningún otro lado. Y eso, aunque él mismo no lo busque de manera consciente, aparece en cada pieza que produce.
México es culturalmente mucho más rico que la simple sobreexplotación visual de ciertos símbolos recurrentes. Nos falta confiar más en lo que somos y en todo lo que podemos crear.
— Marcelo Ponce Martell, desde ParísSobre ser mexicano en París, su visión es equilibrada y muy aterrizada: la identidad mexicana no abre puertas por sí sola, pero borrarla tampoco funciona. La clave está en la mezcla, en ese espacio intermedio donde lo mexicano y lo francés se enriquecen mutuamente. En Francia, a diferencia de otros contextos, esa identidad suele ser bien recibida.
El mensaje
Para los que sueñan con irse
Para quienes sueñan con abrirse paso fuera de México pero no se atreven a dar el salto, Marcelo tiene un consejo que mezcla aliento con realismo: migrar es, en gran parte, un acto de valentía. Pero el valor por sí solo no basta. Antes de partir, es fundamental tener los papeles en regla, una base del idioma y la parte económica resuelta. El romanticismo no alimenta.
Más que cualquier proyecto, el mayor orgullo que uno puede tener como ilustrador es creer en sí mismo, en su trabajo y en sus propias habilidades, porque todo lo demás llega por añadidura.
— Marcelo Ponce Martell
Y si le piden que resuma en una imagen todo lo que ha construido lejos de casa —él, que vive de convertir ideas en imágenes— la respuesta llega sin titubear: la figura de alguien que sigue avanzando, abriéndose paso entre los obstáculos, construyendo camino. Y su gran sueño, confesado con la misma sencillez con que dibuja: seguir dibujando hasta el último día de su vida.
Sobre el ilustrador
Marcelo Ponce Martell es un ilustrador y diseñador gráfico mexicano originario de la Ciudad de México, radicado en París, Francia. Desarrolla su práctica en el campo de la ilustración para público infantil y juvenil (illustrateur jeunesse), así como proyectos editoriales y comunicación visual. Su trabajo se distingue por el uso expresivo del color y su versatilidad para adaptarse a distintos lenguajes visuales.
